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Es precisamente la fiesta andina, el escenario donde  se desarrollan las primeras expresiones del arte pictórico indígena de Tigua. La dedicación, esfuerzo y creatividad a la pintura y la talla de máscaras y otras actividades lejanas al quehacer genuino de los indígenas en el campo, agricultores por antonomasia. Originalmente se  pintaban personajes festivos en las caras de los tambores. Por sugerencia de Olga Fisch(+) folklorista húngara, coleccionista de arte popular, pasan a pintar en bastidores manteniendo el cuero de borrego como soporte.

Este cambio, que parece muy simple, provoca un salto ontológico; en sus manos se encuentra un objeto nuevo, diferente al tambor, una superficie plana y vacía y con ella, un mundo prometedor se abre frente a los pintores de Tigua, el bastidor abre el acceso a los infinitos caminos del arte pictórico. Desde el año 1967 a 1970 este hecho motiva a hombres y mujeres de la comunidad a dedicarse al oficio pictórico,  que paulatinamente se convierte en una importante fuente de ingresos para sus frágiles economías.

En el año 2015, se hace presente los orígenes, con la inserción de íconos ancestrales en la pintura; un cambio significativo de esta etapa, marcan las conocidas pinturas de Tigua.

En el retorno, en un contexto de búsqueda de los orígenes, a través de varias investigaciones y capacitaciones con ONG`S se desarrolla un proceso de sistematización y registro de la iconografía y simbología del Ecuador antiguo. Más de 2000 símbolos son transferidos para dos pintores de Tigua con excelencia artesanal; Juan Francisco Ugsha y su hijo Luis Alberto Ugsha para que dialoguemos con ellos y podamos aprovechar y recrear la tradición artística milenaria.

Ahora el reto es ampliar la temática de la pintura tradicional desde las raíces más antiguas del Ecuador. Colecciones de esta temática ya han sido reproducidas en algunas piezas que han empezado a deslumbrar al ojo sensible éstas  nuevas propuestas y descubrimientos.  

La pintura de Tigua sorprende con una trayectoria que marca la resistencia, la continuidad y el cambio de una tradición artística única, que encontró en la plástica la posibilidad de expresarse, dialogar y representar de una manera estéticamente bella con las iconografías.  Cuenta con su marca propia “De Tigua para el Mundo” que diferencia de otras artesanías copias de calidad inferior.